CAPERUCITA Y LA BESTIA CHATEAN UN RATO

 

Una caperucita roja que se hace grafitera y firma como Kaperu o La Bestia de La bella y la bestia acudiendo a terapia de grupo. Son algunas de las revisiones de cuentos infantiles clásicos que la editorial Alkibla ha publicado en la colección Te cuento… y en la que han participado autores como, entre otros, Manuel Rivas, Marta Sanz o Isaac Rosa. Cada uno de los cuentos viene acompañado de un reportaje del fotógrafo Clemente Bernad. Sobre la búsqueda de Marta del Castillo, por ejemplo, en Kaperu, de Patxi Irurzun, el primero de los cuentos publicados; o sobre el toro de la Vega, en el último de ellos hasta el momento, La bella y la bestia, de David Benedicte. Estos dos autores charlan sobre sus trabajos, la colección, los vasos comunicantes entre textos y reportaje fotográfico, y también sobre otros aspectos como la literatura juvenil, el día que ambos secuestraron a Ray Loriga o el carácter indisimuladamente promocional de esta conversación a través de un chat

 

Patxi: Tú y yo nos conocimos hace un montón de años, publicando en fanzines como Monográfico, y otros de mala nota, en los que publicábamos cuentos muy burros y epatantes; incluso Oscar Sipán nos hizo coprotagonizar uno de ellos en el que nos convertía en peligrosos delincuentes... Y aquí estamos otra vez juntos, pero esta vez reescribiendo cuentos infantiles, ¿tanto hemos cambiado?

 

David: Jajajajá... Recuerdo muy bien aquel relato. Era de lo más navajero y fancineroso. En él, Óscar nos convertía en vengativos justicieros que, dispuestos a poner un poco de orden en aquella generación que denominaron Kronen, secuestraban a un pobre y tembloroso Ray Loriga (flamante y reciente Premio Alfaguara de novela) para poner un poco de orden en el mundillo editorial del momento. Se ve, por lo del Premio Alfaguara, que no lo conseguimos y que siguieron ganando los 'malos', otra vez más, aupados por las editoriales del Régimen. Éramos punkies en tiempos en que nuestros novelistas más jóvenes y sobradamente preparados todavía estaban redescubriendo el rocanrol. Y sí, aquí seguimos. Juntos y reescribiendo cuentos infantiles. Aunque yo no diría que hayamos cambiado mucho. Por lo que te he leído últimamente, Ultrachef y Los dueños del viento, sigues dando estopa como el que más. Genio y figura... ¿Que si tanto hemos cambiado? Pues no lo sé. Yo diría que seguimos siendo, en buena parte, los mismos fancinerosos desenmascarañoñeces y entendemos la escritura como una forma de poetizar a dentelladas. Siempre dispuestos a desenmascarar (secuestrando a sus gurús llegado el caso) la literatura chorra y sin pegada. Seguimos siendo los mismos, aunque algo más viejos, más cansados y con menos pelo.  

 

 

 

Patxi: Es cierto, sobre todo lo del pelo: el espíritu gamberro de hecho permanece en esta versión de La Bella y la Bestia. Tengo la impresión de que te has divertido mucho escribiéndolo.

 

David: Pues sí. Imagino que te harás una idea ya que yo sentí lo mismo cuando leí las andanzas de tu Kaperu. Es un regalo para todo escritor con ganas de gresca recibir una propuesta así. Que te permita, con libertad absoluta, tunear los cuentos de toda la vida cual elefantes en cacharrerías. Mi intención, desde un principio, fue la de enmendar la plana al viejo Walt Disney y lograr una Bella y Bestia alejada del apestoso machismo que arrastraba la versión dibus, verdaderamente creíble y que rememorase unos tiempos en los que algunas Bellas fueron Bestias y viceversa. Por eso estoy tan agradecido a los chicos de Alkibla. Por haberme permitido lograr un sueño que deseaba cumplir desde hace décadas: que el bisabuelo Walt Disney se revolviese un poco en ese refrigerador con tecnología no frost en el que, según cuentan las malas lenguas, permanece criogenizado cual helado de vainilla.

 

 

 

Patxi: En mi caso, a la hora de escribir Kaperu, en todo momento pensé que estaba escribiendo para adolescentes, o que a ellos iba dirigida esta colección (igual pagué el pato de ser el primero, porque luego he visto otras versiones orientadas claramente a un lector adulto). En todo caso, me gustaría abrir una reflexión sobre la literatura juvenil: sus receptores, los jóvenes ¿están recibiendo realmente los cuentos que quieren leer, que conectan con su mundo? Quizás estoy equivocado, pero cada vez hay  menos  libros juveniles que hablen de los que realmente interesa a los chicos y chicas de esa edad, que es lo que siempre les ha interesado: el sexo, las drogas, los granos, los complejos, la pérdida de la inocencia... o que les hablen en un lenguaje que entiendan, que no esté constreñido por lo políticamente correcto.

 

David: Yo no creo que pagases ningún pato, compañero, puesto que yo también entendí la propuesta, desde un principio, como una forma cojonuda de acercarme a los adolescentes con mi escritura. Era una oportunidad de oro. Sobre todo en estos tiempos en que, coincido contigo, la literatura que les llega está mayoritariamente redirigida a convertirlos en estúpidos lectores sin criterio y sobreprotegidos por la corrección política rampante. He tratado, con mi Bella y mi Bestia, que los chavales puedan leer algo digno, duro y repleto de honestidad. Digamos que me lancé, sin dudarlo mucho, a bomba a la piscina sin tener muy en cuenta a cuántas mentes estrechas podría salpicar. Y doy por hecho, desde luego, que tu hiphopera Kaperu fue escrita con las mismas coordenadas. Ya el hecho de que la ambientases en Jamerdana (tu faulkneriano condado de Yoknapatawpha particular) ya dice mucho de tus intenciones. No es cosa de empezar a chuparnos los egos, pero tu cuento me encantó. Al igual que el reportaje fotográfico de Clemente que lo acompaña. Y estoy de acuerdo contigo en que la literatura juvenil que se hace ahora, salvo excepciones, y tú eres una buena muestra, tiene de juvenil lo que nosotros de futuros premio Cervantes. Es decir, nien de rien. De todas formas, creo que esta colección, Te cuento, junto con otros libros de Alkibla como Imagina cuántas palabras (en el que también colaboramos ambos) viene a ser una bendita excepción que confirma la regla. ¿No crees? Aunque, por otro lado, ¿no deberían ser los propios adolescentes quienes, movidos por su complicada edad y sus propias emociones, reclamasen con firmeza esos textos contados en su propio idioma? Nosotros lo hicimos, rebuscamos hasta dar con referentes y autores, y eso que lo teníamos mucho más difícil...

 

 

 

Patxi: Un chaval de quince años por naturaleza —o así era antes— no va a leer lo que le diga un adulto que lea, está claro (excepto en nuestro caso que somos dos adultos inmaduros que van por ahí secuestrando a peña). En cierto modo, la literatura juvenil es un invento del mundo editorial, para colocar unos cuantos ejemplares en bibliotecas, en institutos donde esos libros sean lecturas obligatorias… Desde hace unos meses trabajo en una biblioteca y todavía estoy esperando a que venga algún chaval a llevarse un libro de la balda de literatura juvenil, que sin embargo hay que alimentar de vez en cuando para cubrir cupos… Me parece además que esa etiqueta, literatura juvenil es relativamente nueva, un libro se convierte en literatura juvenil cuando son los propios jóvenes quienes lo deciden. Literatura juvenil es en cierto modo, Bukowski, eso era lo que yo leía cuando tenía quince años, pero ahora si a alguien se le ocurre calificarlo así o recomendarlo lo enchironan. Literatura juvenil es también, entonces, tu Bestia, con ardor de estómago, eructando, y dándole patadas al lenguaje, retorciéndolo, inventándote vocablos, jerga, una nueva poética (me encanta lo de poesía a dentelladas), como hacen los chavales… En mi caso, me ha resultado muy satisfactorio ver cómo se han reconocido algunos jóvenes en Kaperu, y como lo han llevado también a su terreno (un grupo de un instituto de Logroño hizo un corto basado en el cuento; lo cual por otra parte da sentido también a la idea de la reinterpretación de los cuentos clásicos, los cuentos clásicos se reinventan una y otra vez, tienen diferentes versiones y adaptaciones a lo largo del tiempo, no son algo cerrado ni definitivo).

 

 

 

David: Me gustaría, Patxi, que me hablases del trabajo de Clemente y si estás contento con el resultado de vuestra combinación. Te lo digo porque, a mí, me encantó que Kaperu tuviese como reflejo, al otro lado de su tétrico espejo, la historia de la búsqueda de Marta del Castillo. Fue una especie de KO técnico sobre otro KO...

 

Patxi: Me alegra que me hagas esa pregunta (tenía ganas de decir esto alguna vez), porque a mí me ha pasado algo parecido con tu cuento, el primer impacto visual (recibí solo la primera página, por un error del archivo) fue bestial, nunca mejor dicho, con el arranque del cuento, que te coge del estómago, nunca mejor dicho también,  y esa foto de Clemente, que en vuestro caso pertenece a un reportaje sobre el Toro de la Vega, que viene a redondear esa idea de la bestialidad. Creo que hay que decir que quienes hemos participado en este proyecto lo hemos hecho sin saber qué fotos acompañarían después al texto, cada discurso en teoría es autónomo, pero lo interesante es cómo han surgido vasos comunicantes, en mi caso por ejemplo, las fotos sobre Marta del Castillo transmiten una tensión que también se da en el cuento, comparten el ambiente urbano y opresivo, deshumanizado… Clemente es uno de los grandes, un  fotógrafo que creo que merece más reconocimiento, por su trabajo en sí, pero también por el componente social y el compromiso que lo acompaña siempre, de manera ineludible, algo que en estos tiempos perjudica más que otra cosa a cualquier expresión artística. Para mí ha sido todo un lujo que sus fotos compartan páginas con el cuento y sumen a él otra perspectiva, me imagino que a ti te sucederá algo parecido.

 

David:  ¿Qué crees que hubiese ocurrido si, en nuestra adolescencia lectora, hubiésemos dado con una colección así? Cierto es que nosotros teníamos otras vías de llegar a la contracultura como El Víbora o Makoki (nos entraba por el cómic), pero nos hubiese facilitado bastante las cosas. Esa es mi opinión.

 

Patxi: Sucede un poco lo que hemos dicho antes, quizás es mejor no airear que esta es una colección dirigida a adolescentes y que ellos mismos la descubran. A mí me habría gustado leer un cuento como el tuyo, por supuesto, en el que La Bestia va a terapia de grupo, o en el que me encontrara con frases como las que usas, que te noquean, que te deslumbran, yo todavía sigo teniendo la esperanza de que una buena metáfora deslumbra más que el brillo de cualquier videojuego, o que hay maneras de decir las cosas que te abren los ojos a un mundo nuevo, y eso es algo que creo que caracteriza a tu literatura.  Pero, perdona—y dicho a la manera de nuestro compadre Kutxi Romero —: ¿no crees que nos estamos  chupando demasiado las pollas?